jueves, 22 de noviembre de 2007

Tango


Arrastrar por los charcos la tristeza
como el niño
arrastra la cometa que no pudo volar.
Imprecar
a la nube que pasa,
al camino que no lleva a parte alguna
y al viandante que lo transita
con inseguros pasos de perro apaleado.

Maldecir a la mujer a quien se adora.
Ahogarse.
Ahogarse en la marea creciente
de las lágrimas que pugnan por brotar.
Estampar
el roto y sangrante corazón
contra el viejo, húmedo, empedrado.

En una palabra:
tango.

viernes, 12 de octubre de 2007

Navegante


Casi un mes ya desde nuestra partida con rumbo a lo inexplorado. Atrás dejábamos entonces la fresca brisa de nuestra patria y los familiares aromas del hogar en busca de fama y, acaso, riquezas en un mundo nuevo. El estímulo de la aventura nos hacía mirar las estrellas con excitación apenas contenida a medida que las formas familiares de las constelaciones dejaban paso a otras distintas. Nuevas. Desconocidas. Fascinantes. Todo iba bien hasta que la nave sufrió la rotura que la detuvo en esta zona ignota que no figura en mapa alguno.

Cartographer (Donato Giancola)
A falta de una estrella de referencia de la que poder extrapolar nuestra posición, las computadoras de navegación no pueden decirnos cómo salir de esta remota parcela de la galaxia. Debo intentar trazar nuestra derrota manualmente, como antaño hicieron otros navegantes antes que yo. Será una enorme ironía del destino que de entre todos estos rudos aventureros del espacio venidos de cien planetas distintos sea yo, una sencilla mujer de la Tierra, quien salve esta misión del desastre.

domingo, 23 de septiembre de 2007

Un día como hoy


Un día como hoy, 23 de septiembre del año 63 a.C., Atia Balba Cesonia, sobrina de Julio César, da a luz un retoño al que pone por nombre Cayo Octavio Turino y al que la historia recordará como Octavio Augusto, heredero de César que será el encargado de dar el golpe de gracia a la moribunda República Romana y se convertirá, de facto, en el primer emperador de Roma.

El Imperio Romano se escindirá en dos y en Oriente, un 23 de septiembre del año 867, Basilio I se convierte en el primer emperador de la dinastía Macedónica al subir al trono de Bizancio tras dar muerte a Miguel III.

El Imperio Romano de Occidente, por su parte, ha caído ante el empuje de las tribus germánicas pero de sus cenizas se levantará el Sacro Imperio Romano Germánico. Un 23 de septiembre del año 1.122 se firma el Concordato de Worms entre el emperador Enrique V y el papa Calixto II con el que se pone fin a la Guerra de las Investiduras acordando que el papa nombrará obispos en territorio alemán entregándoles anillo y báculo pero será el emperador quien tendrá la potestad de otorgarles derechos feudales sobre los territorios de los obispados.

En el extremo oriental de Europa, es un 23 de septiembre de 1.762 cuando Catalina II, la Grande, es proclamada zarina de todas las Rusias tras destronar a su marido, Pedro III mientras que en occidente, en lo que una vez fue la Galia conquistada por César, casi exactamente treinta años después, el 22 de septiembre de 1.792, la Convención Nacional declara la república en Francia.

viernes, 7 de septiembre de 2007

África


Me hablaron una vez del sufrimiento de todo un continente, del desesperar lento y resignado de millones de almas, de la muerte y de la sangre y de ríos que se volvieron salados por tanta lágrima vertida. Me hablaron y me hablaron y me enseñaron fotos de moscas y llagas purulentas, de chozas humeantes después del incendio y de manos y pies amputados a golpe de machete. Me lo contaron todo a la hora de la cena y me importó poco o nada.

Pero en algún lugar de la sabana, protegida del implacable sol y a resguardo de las botas claveteadas que podrían pisotearla, la semilla de la esperanza germinará allí donde cayó.

La Main Verte (Séverine Pineaux)

jueves, 6 de septiembre de 2007

Adiós, Luciano


No se me ocurre mejor panegírico que escucharle cantar el "Nessun Dorma".

jueves, 30 de agosto de 2007

Ángela

Men and angels (James Christensen)
Ángela experimentaba el lento deslizar del tiempo con la precisión de un mecanismo de relojería. Podía ver su pasado como una interminable sucesión de postes clavados a la orilla de un camino que se perdía en la distancia, más allá del horizonte. Se sentía como un viejo óleo cuya pintura comenzaba a descascarillarse, un objeto próximo a ser arrinconado por inservible.

Mas de las brumas de ese mismo tiempo al que temía surgió la voz que le susurró al oído las palabras que tanto había ansiado escuchar: el futuro no existe y debe ser construído minuto a minuto mientras nos quede aliento.

jueves, 23 de agosto de 2007

El nacimiento de Heracles


Es harto sabido que Zeus era un playboy de cuidado y se tiraba todo lo que se movía por Grecia y alrededores, así que cuando le echó los ojos encima a Alcmena, poco le importó la condición de casada de ésta para intentar echarle encima alguna otra cosa, además de los ojos. Ni corto ni perezoso, tomó la apariencia de Anfitrión de Tebas, el marido de Alcmena que llevaba mucho tiempo fuera de casa, ocupado en alguna guerra, para yacer impunemente con ella, haciendo buena su frase favorita: haz el amor y no la guerra. Zeus, zorro viejo, se compinchó con Helios, las Horas, Selene y Morfeo, de modo que consiguieron entre todos alargar aquella noche haciéndola durar treinta y seis horas, nada menos, en el transcurso de las cuales se puso morado en brazos de Alcmena. ¡Un pillo, papá Zeus!

Casualidades de la vida, el bueno de Anfitrión volvió de la guerra el dia siguiente y Alcmena quedó embarazada de gemelos (además de sorprendida y exhausta, aunque encantada, por la vitalidad de su marido después de la jornada intensiva de la noche anterior).

Ya en el Olimpo unos meses después, Zeus se jactaba ante sus amigotes de la hazaña de haber engendrado en Alcmena al que habría de ser heredero de la casa de Perseo, de quien la mortal era nieta. Hera, la divina esposa de Zeus, se mordía la lengua mientras tanto, tramando su venganza contra el rijoso de su marido. Así que consiguió arrancar de Zeus el juramento solemne de que el primer nacido de la casa de Perseo sería rey, Hera se apresuró a bajar a tierra para hacer que Euristeo, primo de Heracles y también descendiente de Perseo, naciera prematuramente. Euristeo nació, efectivamente, sietemesino y sería, tiempo después, el rey a cuyo servicio tendría Heracles que efectuar sus célebres doce trabajos a fin de conseguir la inmortalidad.

Pero el ataque de cuernos de Hera exigía más que eso. Decidida a que Heracles no llegara siquiera a nacer, se plantó ante Alcmena con las piernas cruzadas y las ropas atadas con apretados nudos, impidiendo de este modo el parto. A mí no me pregunten por qué no le dió simplemente una pildora del día después o similar, son cosas de diosas en las que ni entro ni salgo (con perdón).

En esas estaban, esperando a que los fetos muriesen en el interior del vientre de Alcmena, cuando una de sus sirvientes, Galantis, anunció a la diosa que el parto ya había tenido lugar, noticia ante la cual saltó Hera, sorprendida, y los nudos se desataron permitiendo que Alcmena se pusiera realmente de parto (sí, bueno, parece tontería pero ya les he dicho que en esas cosas no me meto).

Alcmena dio a luz gemelos, uno de los cuales se llamó Ificles y era mortal (se supone que fruto de la semilla de Anfitrión) mientras que el otro sería un semidiós al haber sido engendrado por Zeus durante aquella noche loca que duró día y medio. Zeus dio al niño el nombre de Heracles, literalmente "Gloria de Hera" (miren por dónde vengo a enterarme de que el bueno de Hércules se llamaba en realidad Gloria), en un intento por aplacar la justa ira de su esposa. Intento futil pues la desairada diosa no sólo hizo pagar a la pobre Galantis muy cara su fidelidad a la reina convirtiéndola en comadreja y condenándola a parir a sus hijos poniendo huevos por la boca (ya les he dicho que estas cosas de dioses son muy raras), sino que, no contenta con eso, trató de matar al tierno infante enviando dos enormes serpientes para que lo asfixiaran en la cuna. Heracles, que ya apuntaba maneras, se hizo un par de sonajeros con las bichas como si nada.

Alcmena, harta seguramente de todos aquellos tejemanejes entre los olímpicos, decidió abandonar a Heracles en medio del campo, maniobra que fue observada por Zeus, que para eso era un dios y podía verlo todo. Zeus preparó su siguiente jugada. Convenció a su hija Atenea para que le echase un cable (por cierto que el nacimiento de Atenea tampoco tiene desperdicio, aunque no es el momento de narrarlo ahora) y se llevase a Hera a dar un paseíto por el campo cercano a Tebas. "Casualmente", las diosas se tropezaron con la criatura a quien Hera por lo visto no reconoció pues, por muy diosa que fuese, le pasaba como a todo el mundo y todos los bebés le parecían igual de feos. Como el niño no paraba de llorar, Atenea convenció a Hera para que lo amamantase y en ello estaba cuando, de repente, reconoció al crío como el hijo de Alcmena y Zeus y lo apartó de su pecho violentamente de modo que un chorro de su leche salpicó el firmamento. Sí, lo han adivinado, por eso nuestra galaxia se llama Vía Láctea y no debido al patrocinio de ninguna industria lechera.

Por cierto, otra versión de esta historia narra que fue el dios Hermes quien acercó a Heracles al pecho de la dormida Hera para que mamase sin que ésta se diera cuenta pero el chavalote chupó con tanta fuerza que hizo brotar un río de leche de la divina teta, con el consiguiente fastidio de la diosa. Esta versión es la que narra el cuadro de Tintoretto que ilustra estas líneas: "El Origen de la Vía Láctea".

El Origen de la Vía Láctea (Tintoretto)

Después de aquello y dado que lo que no mata engorda, Heracles creció sano y fuerte, corriendo innumerables aventuras a lo largo de su vida. Aventuras que le llevaron a recorrer todo el mundo conocido, desde el extremo oriente (que por aquel entonces estaba un poco más allá de Grecia, no se vayan a creer) hasta las columnas que llevan su nombre en el extremo occidental del Mediterráneo. Sí, eso, las columnas de Hércules, o sea, el estrecho de Gibraltar.

Pero dejaré para mejor ocasión el relato de las hazañas de Heracles y terminaré diciendo que tras su muerte, acaecida muchos años después a resultas de un incidente con el centauro Neso, subió al Olimpo donde, hechas ya las paces con su madrastra Hera, se casó con una hija de ésta, Hebe.

miércoles, 22 de agosto de 2007

Manglar

Mangrove Mystique (Ana I. Quirós)

El aire del bosque olía a hongos, a humedad, a musgo. Largos jirones de una niebla espesa y pegajosa se arrastraban casi a ras de suelo enroscándose en torno a los troncos de los árboles. Pensó que era la atmósfera perfecta para una de aquellas historias de fantasmas que solían contar los chicos, la cara iluminada por la rojiza luz de una linterna, frente a la hoguera de un campamento. Caminó sin prisas en dirección a la orilla del pantano y siguió adelante incluso cuando sus pies comenzaron a caminar sobre el agua. Sólo se detuvo al volver a flotar sobre la tierra seca al otro lado, en el lugar en que había muerto.

jueves, 16 de agosto de 2007

Ciencia con clase


Antes de llegar al meollo del asunto, unos cuantos rodeos para ponernos en situación, según mi costumbre.

La siguiente imagen, ilustra el fenómeno conocido como Efecto Doppler. El punto negro quiere ser un cuerpo que está emitiendo una onda sonora (círculos) y que se ha ido desplazando hacia la derecha, en la dirección y sentido que marca la flecha.


En esta situación, las ondas de sonido se comprimen en el sentido del desplazamiento por lo que un observador (un "oidor", sería mejor decir) situado a la derecha notará que la frecuencia de las ondas es mayor que la que percibirá un observador situado a la izquierda, detrás de la fuente en movimiento. Para quien necesite refrescar lo que nos contaban en el cole, la frecuencia de una onda no es más que la cantidad de ondas que pasan por un punto determinado en la unidad de tiempo así que es fácil entender que, a igual velocidad, cuanto "más juntas" estén las ondas, mayor será su frecuencia.

El fenómeno recibe su nombre en honor a su descubridor, Christian Johann Doppler (1.803-1.853), y se verifica no solamente en las ondas sonoras sino en todas las ondas electromagnéticas, incluida la luz. En él se basan los físicos para afirmar que el universo se expande pues, miren donde miren, la frecuencia de la luz proveniente de las estrellas está "desplazada" exactamente en la cantidad que se esperaría para una fuente luminosa que se aleja del observador, según el efecto Doppler.

Pero sigamos con el sonido. Cuando nuestros detectores de ondas sónicas (vulgarmente conocidos como orejas) llevan a través del oído hasta el cerebro dichas ondas, las frecuencias comprendidas entre los 20 Hz (Hertzios) y los 20.000 Hz son traducidas a sonidos, que interpretamos como más agudos o más graves dependiendo de su frecuencia. Una forma de verificar experimentalmente el efecto Doppler, por tanto, sería poner en movimiento una fuente de sonido y medir la variación en la frecuencia de dicho sonido.

Y aquí entra en escena el señor Christoph Ballot (1.817-1.890), meteorólogo y físico holandés, que diseñó el que sin duda alguna es el experimento con más clase y elegancia de la historia de la ciencia. Ballot dispuso una orquesta sobre una plataforma en un vagón de tren en la línea Utrecht-Amsterdam y, dado que no tenía un osciloscopio a mano, situó en distintos puntos del trayecto a otros músicos que irían registrando las notas musicales que percibían (una nota musical no es más que una frecuencia concreta, por ejemplo, el LA central de un piano se corresponde con una frecuencia de 440 Hz).

El tren se puso en marcha y la orquesta atacó los compases de algún éxito del momento, tal vez algo de Liszt o de Schumann (corría el año 1.845, supongo que Brahms era demasiado joven aún para haber entrado en el hit-parade).

Una vez finalizado el concierto-experimento, los músicos compararon sus anotaciones, comprobando que las alteraciones en las notas que habían percibido con respecto a la partitura original, se ajustaban a las variaciones de frecuencia predichas por el efecto Doppler. No está documentado pero tengo entendido que después de tan ferroviario concierto, se sirvió un pequeño refrigerio a base de huevas de cangrejo y champán rosado.

Tampoco está documentado, pero es casi seguro que Ballot debió de darse de cabezazos contra la pared al darse cuenta de que el asunto le habría salido mucho más barato, aunque más vulgar, eso sí, si el tren simplemente hubiera hecho sonar su silbato mientras pasaba frente a un observador.

Y es que el cambio de frecuencia debido al efecto Doppler es algo que nosotros, urbanitas modernos, comprobamos todos los días cuando estamos parados en la acera y pasa frente a nosotros un coche, con su chiunnnnn característico.

Y, hablando de coches, en el efecto Doppler se basan, precisamente, los radares que utiliza la policía para determinar la velocidad de un vehículo y poder así endosarte una bonita multa por ir a más de 300 Km/h con una tartana que no pasa de 80 con viento a favor, como hemos visto en las noticias un par de veces. Errare humanum est, ¿no? Y maquinarium también, parece.

martes, 31 de julio de 2007

Otoño


Pues, no sé muy bien por qué, me he puesto otoñal el último día de julio. Serán cosas del calentamiento global ése, que comienza a reblandecer seseras y aniquilar neuronas como vulgar vino peleón. En fin.


Cuando el verano termina los colores del mundo se entibian, los bosques se visten con tonos ocres y dorados y el cielo frunce el ceño y busca cómo pintarse la cara a lo ancho de toda la gama de los grises, sin acabar de decidirse. Los tejados entretienen el tedio de las tardes plomizas dejando caer gotas de agua sobre las cabezas de los que pasan mientras, húmedos y ateridos, los amantes y los pájaros buscan el refugio de los porches en penumbra para darse un beso de buenas noches picoteándose los labios.

Cuando venga el otoño, el viento me traerá en volandas el perfume de tu pelo y me susurrará al oído tu nombre. No tendré más remedio que volver a amarte de nuevo desde el principio.

viernes, 27 de julio de 2007

Evolucionando


Año de gracia de 2.007, parece mentira. Fue ayer apenas cuando imaginaba el redondo año 2.000 como una barrera mística más allá de la cual se encontraba el futuro. La ciencia ha traído de la mano, ciertamente, avances tecnológicos apenas soñados hace treinta o treinta y cinco años y ha conseguido que el conocimiento humano sobre el mundo se haya incrementado exponencialmente.

Retrotrayéndonos un poco en el tiempo, vemos que una gran parte de ese conocimiento ha sido adquirido por la humanidad durante el transcurso del último par de siglos gracias, fundamentalmente, al desarrollo del método científico, esa herramienta constructiva que hace que solamente se eleven a la categoría de "conocimiento", aquellas observaciones que han sido debidamente aquilatadas. Ya lo he contado, someramente, en otro xuspiro: El Método Científico

Me gustaba pensar que la humanidad, gracias a la aplicación sistemática del método, dejaría atrás la superchería y enterraría para siempre la insana costumbre de anatematizar el avance del conocimiento invocando inamovibles tradiciones envueltas en el halo de santidad que suele dar a leyendas y mitos el paso del tiempo. Me equivocaba, claro. A día de hoy sigue habiendo una fuerte reacción por parte del fundamentalismo religioso, tanto cristiano como musulmán y judío, a aceptar algo tan sencillo como la incontrovertible realidad de la evolución.

Son pocos pero, como se suele decir de terroristas y otras malas hierbas, hacen mucho ruido. El pastorcito evangélico que está de moda en la red últimamente así lo demuestra con sus gritos excesivos y sus ademanes de charlatán de feria. Si no lo han visto en las páginas de vídeos de internet o en el telediario de la tarde, benditos sean pues son inmunes al martilleo constante de la propaganda informativa. El chaval (no es más que un crío, por eso le he llamado "pastorcito") consigue arrancar de su extasiado rebaño encendidos aplausos cuando en el paroxismo de su actuación arremete contra "esos que dicen que somos de la evolución" (sic), momento en que yo suelo experimentar un sudor frío mientras el acre sabor del miedo me sube a la boca.

Sí, lo confieso. Tengo miedo de esta gente. Un miedo atroz a que consigan convencer a una sola persona de que lo que pregonan con voz desaforada y ojos que brillan con el mismo fulgor que el de los esquizofrénicos son algo más que simples dislates basados en la firme aunque absurda pretensión de que unos textos compuestos hace la tira de años en un rincón específico del planeta, contienen la verdad última acerca del diverso y cambiante universo que nos rodea, por más que dicha "verdad" contradiga lo que nos dice la experiencia cotidiana. Miedo a que sus tesis sin ninguna confirmación más allá de la que les brinda su propia fe, lleguen a equipararse a aquellas otras que se acogen al método científico y basadas, por tanto, en el saber y no en el creer. Tengo miedo de esas cosas porque, de conseguirlo, podrían hacer retroceder a la humanidad hasta los tenebrosos días de la Edad Media en los que todo conocimiento era puesto en tela de juicio por el mero hecho de no figurar en las páginas del libro sagrado. Aunque tal vez se contenten con hacernos retroceder solamente un par de siglos, como esos seguidores de la secta amish cuyo rechazo a la tecnología sólo alcanza hasta un cierto punto, aceptando la de siglos anteriores en un ejercicio de malabarismo intelectual que no acabo de comprender. Rechazan los botones como algo pecaminoso pero aceptan la ropa misma. Rechazan los automóviles pero no los carruajes tirados por caballos. Rechazan las máquinas pero no los arados... Como si todas esas cosas no fueran el resultado de la aplicación de una misma tecnología, más o menos desarrollada, a los mismos principios básicos. En fin.

El ataque a la evolución por parte de los fundamentalistas religiosos, suele basarse normalmente en un profundo desconocimiento de la misma, ignorancia que se pone de manifiesto desde la mismísima primera frase que sale de sus labios, que suele ser: "dicen que el hombre desciende del mono...". Pues no, mire usted. No dicen eso. Ni lo dice Darwin en su "El Origen de las Especies", ni lo dicen los neodarwinistas, ni lo dice la actual Teoría de la Evolución, ni lo dice nadie. Esa estupidez sólo la dicen, curiosamente (o quizás no tanto), los mismos que la atacan. Sea por ignorancia o absoluta falta de ética, una de dos, este proceder es lo que se conoce en lógica como "la falacia del hombre de paja" que consiste en que, independientemente de los argumentos del contrario, uno dice que dijo "lo que sea" y luego ataca ese "lo que sea" como falso. Precioso.

Lo que dice la teoría es que tanto monos como seres humanos descendemos de un antepasado común, lo cual es muy diferente.

Evolución
Otro punto básico de ataque es centrarse en que la Teoría de la Evolución es solamente eso, una teoría y, por lo tanto, podría estar equivocada con lo que la evolución no existiría. Otra vez la ignorancia o la falta de ética, según sea el caso, se ponen de manifiesto al no diferenciar el hecho observado de la teoría científica que lo explica. Porque la evolución, mis amigos, es un hecho, una constatación, una cosa real atestiguada por miles y miles de observaciones, mientras que la Teoría de la Evolución es simplemente el desarrollo científico que intenta explicar ese hecho. Es como si me dicen que, dado que la Teoría de la Gravitación de Newton ha sido superada por la Relatividad de Einstein, podemos decir que aquella era falsa y, por tanto, la gravedad no existe. Piensen lo que quieran pero, por favor, no se lancen desde un acantilado creyendo firmemente en la veracidad de lo que dicen. Les aseguro que se equivocan y que la gravedad sí que existe, a despecho de cuánto pudiera haber acertado o errado Newton a la hora de explicarla. Pues la evolución lo mismo. La teoría podría (no lo está, pero podría) estar absoluta y radicalmente equivocada y ello no invalidaría el hecho de que las especies de seres vivos actuales han evolucionado desde formas anteriores menos complejas. Lo único que invalidaría sería nuestra explicación de cómo o por qué lo han hecho pues es esto, y no otra cosa, lo que hacen las teorías científicas: explicar el porqué de las cosas.

El tercer punto de ataque desde las filas de la intolerancia fundamentalista suele ser que la Teoría de la Evolución no explica cómo surgió la vida desde la materia inanimada. Pues sí, oiga, en eso tienen razón, la teoría no explica eso. Añado yo de mi cosecha que tampoco explica cómo se prepara la tortilla de patata o por qué los jugadores de fútbol se tiñen el pelo de rubio platino. Qué cosas.

miércoles, 25 de julio de 2007

Santiago Matamoros

Santiago

Veintitrés de mayo del año de Nuestro Señor de ochocientos y cuarenta y cuatro, inmediaciones del castillo de Clavijo (La Rioja, España). El rey Ramiro de Asturias (primero de su nombre) está hasta el gorro del emir de Córdoba, Abderramán (segundo del suyo), que le ha reclamado un tributo consistente en cien doncellas abonables en efectivo (nada de letras bancarias o cheques pagaderos a treinta días) por lo que ha decidido darle batalla y aprestado para ello un lucido ejército compuesto en su mayoría por aguerridos norteños que piensan cuánto mejor estarían en sus agrestes montañas regando con abundante sidra una buena fabada. El cielo está parcialmente cubierto pero no hay riesgo de precipitaciones (según el último parte meteorólogico: la vieja herida de guerra del soldado Pelagio, que pica como mil demonios cada vez que se aproxima un cambio de tiempo). Pelagio apresta la lanza y embraza el escudo, inquieto ante la presumible escabechina que va a comenzar en breve, mientras piensa, misterios de la mente humana, que el viento relativamente seco de esta extremadura del reino en que se halla le viene mejor para los huesos que la humedad del valle asturiano en que nació. Tal vez se venga a vivir por aquí y repoblar un poco la zona, cuando esto termine. Una suave brisa de poniente cruza la llanura y hace flamear los ropones de los soldados, alineados en formación, prestos al combate. Estado de la mar: marejadilla.

Ramiro espolea su caballo y pasa revista a sus tropas, a las que ha arengado hace un momento relatándoles el sueño que ha tenido la noche pasada en el que el mismísimo apóstol Santiago se le ha presentado para decirle que estará junto a ellos en la batalla. Percibe en los rostros de los hombres signos de lo que tanto puede ser una cierta inquietud ante la promesa del sobrenatural acontecimiento como simplemente el miedo común y corriente que todo soldado experimenta ante la inminencia del combate. Las tropas de Abderramán, alineadas al otro extremo del angosto valle, han iniciado una violenta carga con los bereberes en el centro conformando el grueso de la vanguardia y aullando como endemoniados. Ramiro desenvaina su espada y suelta al aire lo que será el grito de guerra de los ejércitos españoles de ahí en adelante: "¡Santiago y cierra, España!".

El grito va con coma, muy importante. No se trata de cerrar España a cal y canto sino de cerrar filas, acometer, embestir al enemigo (acepción 32, nada menos, de la palabra "cerrar", hoy en desuso si no fuera por el Capitán Trueno y cuatro literatos). Aunque ahora que lo pienso, en el actual ejército español debe haber casi tantos soldados ecuatorianos y colombianos como españoles así que supongo que cuando entran en combate en el Líbano o Afganistán gritarán "¡Nuestra Señora de Coromoto nos valga!", o algo por el estilo.

Pero sigamos. Iba diciendo que Ramiro ordenó atacar invocando el nombre del apóstol.

Las huestes asturianas ya se lanzaban a la carga, dispuestas a topar a lo bestia contra el enemigo según imponía la moda de la época, cuando los cielos se abrieron y de entre la cegadora luminosidad del milagro, pues de eso se trataba, surgió un blanco caballo de no sabemos qué color a cuyos lomos venía jinete el mismísimo apóstol blandiendo una tizona de metro y medio con la que desbarató las filas enemigas cercenando cabezas de moros a diestra y siniestra.

El rey asturiano obtuvo una gran victoria aquel día y ya nunca más pagaría tributo a Córdoba.

La iglesia de Santiago, en Compostela, obtuvo una victoria aún mayor dos días después en Calahorra, cuando el rey hizo lo que se da en llamar "El Voto de Santiago", según el cual se le ofrecerían cada año las primeras cosechas y vendimias y, como a un caballero más, se repartiría a Santiago una parte del botín que se tomara a los moros.

Cosas de la historia, resulta que la única crónica de batalla tan importante y singular fue escrita cuatrocientos años después (hacia 1.243) por un obispo de Osma y arzobispo de Toledo llamado Rodrigo Jiménez de Rada, por lo que los historiadores (¡panda de herejes!) sospechan seriamente que tales acontecimientos nunca tuvieron lugar, ni de la forma en que se narran ni de otra cualquiera.

Pero Santiago sigue siendo patrón de las Españas y hoy, 25 de julio, se celebra su fiesta así que me voy a tomar un buen ribeiro y una ración de pulpo "a feira". Salud.

martes, 24 de julio de 2007

Solsticio de Verano

Trust


Será consecuencia, tal vez, de la conjunción cósmica de los astros pero cuando pienso en hacerte un regalo no se me ocurre nada más pequeño que un mundo. No es que te ame más o te ame menos pues es una imposibilidad matemática sumar o restar cualquier cosa a infinito. Será, probablemente, que durante el solsticio de verano la noche es tan corta que el sueño apenas si viene a visitarme y tengo, entonces, más tiempo para amarte.

lunes, 23 de julio de 2007

Siddartha

Buda

Unos cinco siglos antes de Cristo, nació en el Nepal un muchachito que, casi sin quererlo, a lo tonto y a lo bobo, como quien no quiere la cosa, por el procedimiento de sentarse debajo de una higuera, fundó lo que andando el tiempo llegaría a convertirse en una de las religiones con más adeptos del planeta. Se llamaba nuestro héroe Siddartha Gautama (en el idioma local se pronuncia muy raro y se escribe con un serie de palitroques y rayitas más raras aún) pero, como los toreros o los futbolistas argentinos, es más conocido por su alias: "el iluminado". Buda, si lo prefieren decir más corto y en sánscrito.

El padre de Buda, Suddhodana, era rey de no sé qué clan nepalí y poseía un suntuoso palacio en un lugar llamado Kapilavastu, a orillas del río Ganges. Puede decirse que Siddartha era lo que hoy llamaríamos "un niño de papá".

Pero empecemos por el principio.

La concepción de Buda, tal como la narra la tradición budista, es espectacular y tiene para nosotros, occidentales, sutiles reminiscencias de historias conocidas. Verán. La madre de Buda, Maya, una de las esposas de Suddhodana, soñó mientras hacía el amor con su esposo (la leyenda no aclara si antes, después o durante), que cuatro ángeles la tomaban y la transportaban con cama y todo al Himalaya para posteriormente bañarla en un lago con el fin de dejarla inmaculadamente libre de toda mancha humana. Después, tras extender un lecho divino con la cabecera hacia el Este y acostarla sobre él, una criatura celestial, un pequeño elefante blanco de seis colmillos que era el mismo Buda aún por nacer, se acercó al lecho y, tras dar tres vueltas en torno a él, se introdujo directamente en su costado derecho sin causarle dolor alguno. Los sabios consultados dictaminaron que tal sueño no podía significar otra cosa más que el niño así concebido sería santo y alcanzaría la perfecta sabiduría (?). La leyenda tampoco dice cómo llegaron a esta conclusión partiendo de aquel sueño pero quiénes somos nosotros para dudar de hombres tan sabios.

Si les pareció sobrenatural la concepción de Siddartha, esperen a oír cómo fue su nacimiento. Cuando llegó el momento del parto, Maya se dirigió al jardín, se agarró a la rama de un árbol y allí mismo, de pie, tuvo lugar el alumbramiento. Diez mil mundos se sacudieron, los fuegos de todos los infiernos se apagaron, los ciegos recobraron la vista, los sordomudos hablaron, las enfermedades cesaron entre los hombres y las aguas de los océanos se tornaron dulces. Buda salió del vientre de su madre como un hombre que baja por una escalera, con ambas manos y pies extendidos, sin mancha de impureza alguna ni señales del vientre materno. Casi podría decirse que fue un alumbramiento virginal. Buda afianzó ambos pies en el suelo, dio siete pasos hacia el Norte y, examinando las cuatro partes del mundo, exclamó: "Yo soy el principal, el mejor y el primero del mundo; éste es mi último nacimiento; nunca más volveré a nacer".

Como suele ocurrir en estos casos, el texto más antiguo que habla sobre Buda fue escrito unos 400 años después de su muerte así que vaya usted a saber si no habrán exagerado un poquitín porque eso de dar a luz en medio de un jardín suena rarísimo.

Siddartha vivió en casa de sus padres hasta los treinta años o por ahí (nada nuevo bajo el sol) y, durante ese tiempo, sólo conoció el lujo, la comodidad y la opulencia. El darse cuenta de que en el mundo había pobreza, dolor, enfermedad e, incluso, muerte, fue para él un tremendo shock que le condujo, no a intentar paliar esas cosas haciendo uso de su inmensa fortuna, como cabría esperar, sino a raparse la cabeza y echarse al camino a meditar y a aprender de los gurús que pululaban por allí, incluso antes de que los descubrieran los hippies. Ya ven. Buda no era budista (aún) pero como si lo fuera.

Eso sí, después de años y años de meditación, aprendió una cosa: que la meditación no bastaba.

Y después de tener unos cuantos maestros, aprendió otra cosa: que llegado a cierto punto, ningún maestro puede enseñarte nada más (no estoy muy seguro pero sospecho que ese punto es cuando el maestro ya te ha enseñado todo lo que sabe).

Descorazonado, decidió buscar el conocimiento en su propio interior así que, ni corto ni perezoso, se sentó bajo una higuera tomando la resolución de no levantarse de allí hasta encontrar la respuesta a los enigmas de la vida y de la muerte. Ya hemos dicho que Siddartha no era de extracción campesina, por eso no sabía que "la sombra de la higuera le hace mal a cualquiera" (uno que hizo lo mismo en mi pueblo estuvo allí tres días solamente antes de que se lo llevaran metido en una camisa de fuerza unos señores vestidos de blanco).

Pero la encontró, al parecer (la respuesta, digo, no la camisa de fuerza).

Sintiéndose más allá del dolor o el placer, completamente ajeno a las pasiones humanas, llegó a la convicción de que había logrado romper la rueda de la vida y ya no se reencarnaría más. Había alcanzado el nirvana.

Siddartha Gautama murió a la avanzada edad de ochenta años, parece ser que a causa de una intoxicación alimenticia, en medio de violentos vómitos, grandes hemorragias y atroces dolores que sobrellevó con gran entereza, según los testimonios que nos ha legado la tradición. Es lo que pasa cuando se va uno más allá de las pasiones humanas, que no se entera de lo que come.

Sus discípulos se encargarían de divulgar sus enseñanzas por toda Asia y parte de Hollywood.



jueves, 19 de julio de 2007

Micro-relatos

El fenómeno del cuento breve, del micro-relato, ni es reciente ni, creo yo, añade nada novedoso al arte de emborronar cuartillas pero parece el vehículo ideal para transportar literatura a través de las autopistas de la información. Mientras que puede resultar un poco pesado enfrentarse a las tropocientas páginas de Guerra y Paz frente a la pantalla de un ordenador, un cuentito de diez o doce líneas se lee, sin embargo, en uno o dos minutos sin mayor complicación que un e-mail. No es de extrañar que pulule por la red una inmensa legión de escritorzuelos aficionados empeñados en mostrar al mundo, desvergonzadamente, sus escritos. Verbigracia:

Richard Pantell - Couple (detalle)

Hace tanto tiempo que estamos juntos, querida mía, que nuestros cuerpos se han ido arrugando como frutas maduras y el recuerdo de aquella indecente proposición que nos hicieron una vez es apenas una gota en el vasto océano de nuestra memoria. ¿Lo recuerdas? ¿Recuerdas la voz almibarada y seductora, la promesa del placer inmenso que experimentaríamos si nos aveníamos al trato? ¿Recuerdas el picante hormigueo de la tentación de dejarnos arrastrar por el goce de los sentidos, de sucumbir al pecado? ¿Recuerdas el jardín, el huerto, el árbol? A veces me pregunto qué habría pasado si hubiéramos llegado a comernos aquella manzana.

jueves, 5 de julio de 2007

Delirium


En las noches sin luna, mientras el viento aúlla tras los postigos enredándose en las lanzas de los cipreses, pequeños seres furtivos reptan por las paredes en la oscuridad de mi cuarto. Son diminutos y viscosos depredadores de aspecto monstruoso que buscan arrastrarme consigo al inframundo llamado locura en el que habitan y del que sólo emergen en noches insomnes como ésta.

Mi única defensa frente a esas hordas pavorosas consiste en sentarme frente a la ventana y, hora tras hora, buscar mi salvación en el fondo de una botella de whisky.

Up in the Studio (Andrew Wyeth)
Hay familias en las que el talento fluye de modo natural generación tras generación, o eso parece empeñarse en contarnos el árbol genealógico de los Wyeth. Andrew, nacido en 1.917, es autor de imágenes tan inquietantes como la que precede a estas líneas, "Arriba en el estudio", o la que las sucede, "El mundo de Christina", más conocida, quizás. Es hijo y padre de pintores, Newell Convers (N.C.Wyeth, para los museos) y Jamie, mientras que sus hermanos, Nathaniel y Henriette, son, respectivamente, inventor que patentó varios polímeros y pintora, madre del también artista Michael Hurd.

Christina's World (Andrew Wyeth)
Entre principios de los años setenta y mediados de los ochenta, Wyeth se dedicó a pintar a su vecina, Helga Testorf, al parecer sin que la modelo se enterase. Tampoco se enteró el marido de ésta, quien tras regresar de un viaje se encontró a su Helga en la portada de la revista Time. Sospecho que no debió hacerle mucha gracia.

Portada Time

lunes, 2 de julio de 2007

Ars gratia arts

El latinajo, que viene a ser algo así como "el arte por el arte", es el lema que enmarca al fiero león que presenta las películas de la Metro-Goldwyn-Mayer. O las presentaba, no sé si sigue haciéndolo. Me despisto. Hay películas que tienen la rara cualidad de trascender su propio tiempo a pesar de los sombreros, las metralletas Thompson o los Ford modelo T y parecen filmadas antes de ayer cuando ya han cumplido, en realidad, cincuenta o sesenta años.

Pero no iba a hablar de cine, sino de arte en general, movido por un curioso artículo que se subasta en el sitio de eBay. Se trata de un kit para investigar hombres-lobo, nada más y nada menos. ¡Que no hubieran dado Abott y Costello por uno!


El vendedor cuenta que se trata de una recopilación de artículos pertenecientes a un anónimo biólogo que dedicó media vida a perseguir a través de Europa al licántropo responsable del asesinato de su mujer e incluye cosas tales como un feto de licántropo albino procedente de una hembra abatida, varias piezas dentales, una botellita con nitrato de plata, muestras de tejido muscular y piel, dibujos anatómicos y papeles y notas varias que incluyen un par de cartas del siglo XIV que confirman la existencia de una civilización de hombres-lobo.


Sólo al final de la descripción hay una nota en la que el propio vendedor, alex cf, indica que no son artículos reales sino simplemente una pieza de arte confeccionada por él mismo.

Y es que en cuestión de arte vale todo, desde lo más sublime hasta lo increíblemente ridículo. Lo que conmueve a unos, y digo conmover en el sentido más amplio posible, no necesariamente conmueve a otros y viceversa. Hubo una vez otro artista, Piero Manzoni, que decidió comercializar su arte en forma de 90 botes de hojalata, escrupulosamente numerados y rotulados con la etiqueta "Merda d'artista (contenido neto 30 gramos, conservada al natural, producida y enlatada en mayo de 1.961)".

Adivinen lo que había dentro de las latas (pista: las etiquetas no mentían).

Hará un mes o así fue subastada en Sotheby's, la casa de subastas londinense, una de las latas, la número 018, siendo adquirida por el módico precio de 124.000 Euros de vellón, o sea, a algo más de 4.000 Euros el gramo de... arte. No está mal.

jueves, 28 de junio de 2007

Juana

Juana I de Castilla, la loca, vivió entre 1.479 y 1.555 y, curiosamente, las cortes de Castilla nunca la incapacitaron oficialmente para gobernar por lo que fue reina de España hasta su muerte.

Mejor dicho, fue: Reina de Castilla y de León, de Galicia, de Granada, de Sevilla, de Murcia y Jaén, de Gibraltar, de las Islas Canarias y de las Indias Occidentales (1504-1555). Reina de Aragón, de Navarra, de Nápoles y Sicilia (1516-1555). Archiduquesa de Austria, duquesa de Borgoña y Brabante, condesa de Flandes, condesa de Barcelona y señora de Vizcaya.

La leyenda que narra el cuadro de Pradilla, esa tétrica figura en cabeza de una comitiva que pasea por media Castilla el cadáver de su amado Felipe, posiblemente es falsa, urdida para contribuir a forjar la idea de una Juana incapaz y así legitimar el gobierno de su hijo Carlos (primero de España y quinto de Alemania), pero no por ello es menos impactante ni deja de ser una romántica aventura.


Juana la Loca (Francisco Pradilla, 1877)

Es invierno y el rudo viento castellano abofetea sin piedad los rostros de la comitiva sin hacer distingo entre nobles y siervos. Sólo tú entre todos, mi señor, confinado en la que será morada última de tu cuerpo, estás libre de su azote.

Murmuran a mis espaldas los duques y obispos. No se atreven a llamarme loca mis damas aunque leo en sus ojos que piensan que el juicio he perdido por amaros más allá de la muerte. Comadrean los cortesanos diciéndose que bien podrían estar al abrigo de los muros del convento que dejamos atrás en vez de estar helándose en medio de este desolado páramo. No podía permitirlo, mi señor. Celosa soy de vos, aún sabiendoos exánime. No hubiera podido soportar que pasarais la noche entre tantas mujeres por más que monjas y novicias hayan hecho ofrenda de su castidad a Nuestro Señor.

Loca, dicen que soy y tal vez no yerren, después de todo, pues hay quien asegura que el amor no es sino una forma de locura. En tal caso, loca me confieso por vos aunque hayáis muerto. Loca porque con vos también yo he muerto y, sin embargo, en mi demencia, aún respiro.

lunes, 25 de junio de 2007

El culto al cuerpo

No es ninguna novedad, la obsesión por el cuerpo está alcanzando los límites de lo absurdo, si es que no los ha sobrepasado ya. No se trata de que mi vecina del quinto se preocupe porque llega el verano y, como ha subido una talla, se apunte a un gimnasio para machacarse con sesiones de aerobic. No se trata de que el hijo de la portera se haya moldeado a golpe de mancuerna un cuerpo que ahora es capaz de levantar dos veces su propio peso con un solo biceps. Ni siquiera se trata de que la supermodelo más bella del planeta se haya inyectado no sé qué organismo patógeno en los labios inflándolos como si se hubiera dado un porrazo. Se trata, sobre todo, del sentir general que nos hace pensar que todas esas actividades son perfectamente normales, del establecimiento inexorable de un nuevo paradigma según el cual el cuerpo no es simplemente el envoltorio de su portador sino su valla publicitaria.

La obsesión, y aquí está el absurdo que ha motivado este xuspiro, ha llegado a la redacción de Play-Boy. Recojo en la prensa internetera esta foto aparecida en sus páginas.

Eva
¿Han notado algo raro?

Efectivamente. La señorita carece de ombligo. Sin embargo, no se trata de una foto de Eva, madre de la humanidad, sino de una guapa modelo brasileña luciendo la camiseta de la selección española de fútbol (o una pequeña parte de ella, mejor dicho). La foto, evidentemente, ha sido retocada con algún programa de edición fotográfica y, en el proceso, las imperfecciones (?) han sido piadosamente suprimidas. Incluída la que, a juicio del redactor de la revista, debía ser la mayor de todas: ese feo (?) repliegue de piel plantado en medio de la perfecta tersura del vientre.

Disculpen, se me hace tarde y tengo que ir al gimnasio.

viernes, 22 de junio de 2007

Números

Me piden que cuente cómo funciona eso de la numeración hexadecimal. Trataré de no aburrir.

UnukTodo empezó con Unuk, troglodita de profesión y homo-sapiens aficionado, dándole vueltas a un asunto que le traía de cabeza desde hacía unas lunas. Verán, Unuk estaba seguro de que tenía más pieles de oso cavernario que Doshek, su vecino de la cueva de al lado, porque era evidente que su montón era más grande. Sin embargo, cuando trató de presumir ante Tresuka, se quedó tan sin palabras como un vulgar antropoide al tratar de explicarle cuánto más grande era su montón.

Así que allí llevaba un buen rato intentando inventar los números o algo que le permitiera cuantificar las cosas exactamente.

Empezó a pasar las pieles desde el montón a otro sitio y cada vez que movía una piel se le ocurrió estirar un dedo de la mano. ¡Aquello funcionaba! Resultó que tenía "todos los dedos menos el gordo y el pequeño" pieles. Para abreviar, decidió que eso eran tres pieles, en homenaje a Tresuka.

Se fue luego a la cueva de Doshek y, cuando éste no miraba, movió sus pieles de sitio contando con los dedos como había hecho con las propias. Resultó que Doshek tenía "el dedo gordo y el de al lado" pieles. ¡Menos que él!, como siempre había sospechado. Llamó a esta cantidad dos, por ser las pieles que tenía Doshek.

Un problema mucho más complicado surgió poco tiempo después dentro de la incipiente ciencia de las matemáticas iniciada por Unuk. Un día en que Tresuka, ya felizmente unida a Unuk por los sagrados lazos del garrotazo, le estaba despiojando, se puso a contar los bichos que ella iba dejando aplastados sobre una piedra y se quedó rápidamente sin dedos en una mano lo que le obligó a empezar a utilizar la otra. Estiró el pulgar, el de al lado, el otro, el otro... ¡Ya le quedaba solamente el pequeño! ¿Qué haría después? ¿Contar con los dedos de los pies? ¡Imposible! ¡No podía estirar y encoger los dedos de los pies como un vulgar australopiteco! ¡Él era un cromañón! Y orgulloso de serlo, además.

Así que cogió un palo y, tras estirar el último dedo, hizo una marca en el suelo y empezó a contar con los dedos otra vez desde el principio, como si no hubiera pasado nada. Al terminar la sesión de despiojado, comprobó que tenía dos marcas en el suelo y tres dedos estirados. ¡Veintitrés bichos!, exclamó ufano. ¡Seguro que muchos más que Doshek! ¡Ja!

Igual me he dejado llevar un poco pero... más o menos debió ser así. La circunstancia de que el ser humano tenga diez dedos seguramente ha influido enormemente en el hecho de que numerosas culturas hayan adoptado el diez como base de numeración aunque, a pesar de ello, no debemos dejarnos engañar por las apariencias y considerar que es algo "natural". Al contrario. La elección de una base de numeración es algo totalmente arbitrario. Muchas otras culturas, a lo largo de la historia, han elegido otros números como bases de sus sistemas. Aún podemos percibir los ecos de esas culturas en la nuestra si consideramos que los huevos aún se cuentan por docenas (conjuntos de 12) y no por decenas (conjuntos de 10) o que en una hora hay sesenta minutos y no diez o cien, como sería de esperar.

El caso es que estamos tan acostumbrados a utilizar el sistema de numeración decimal que nos parece completamente fuera de lugar utilizar otra base. Los programadores de ordenadores no piensan lo mismo, claro, acostumbrados a utilizar sistemas con base 2 (binario), 8 (octal) ó 16 (hexadecimal).

¿Pero qué significa eso de "base de numeración"? No queda más remedio que hacer otro poco de historia y contar una de romanos.

Los romanos, como los griegos antes que ellos, utilizaban las letras de su alfabeto para representar los números. La I representaba el 1, la V el 5, la M el mil, etc. Cuando querían representar una cantidad, simplemente iban agregando las letras adecuadas hasta alcanzar la cifra deseada. Por ejemplo, la cifra 2.007 se representaría como MMVII.

En principio, dado que cada letra tiene un valor propio, no hace falta disponer las letras de ninguna forma determinada (aunque suelen utilizarse ciertas convenciones que no detallaré ahora). Para leer el número basta con sumar los valores de todas las letras:

M+M+V+I+I = 1000+1000+5+1+1 = 2007

Este sistema, aunque sencillo en apariencia, hace muy complicado cualquier cálculo, sobre todo si están implicadas cifras relativamente grandes. Hagan la prueba e intenten hacer una operación matemática, aunque sea sencilla, con números romanos. Una locura.

La introducción y asimilación de los "sistemas posicionales" en los que los números, además de tener un valor por sí mismos, adquieren otro valor simbólico dependiendo de la posición que ocupan en la cifra supuso un cambio tan radical en la Europa medieval que, en un principio, se llegó a considerar si no sería cosa de brujería algo que permitía resolver tan fácilmente, cálculos que eran tan complicados hasta entonces.

Veamos sucintamente cómo funciona un sistema posicional, aunque supongo que lo saben de sobra.

Con el sistema de numeración romano, en una cifra como por ejemplo III, las tres íes valen 1, cada una, independientemente de la posición que ocupan mientras que en el nuevo sistema decimal (que es de tipo posicional), en la cifra 111, el uno de más a la derecha vale, efectivamente, 1 pero el siguiente vale 10 y el de más a la izquierda vale 100. Esto es así a resultas de utilizar el 10 como base pues cada posición tiene un valor que es igual a una potencia de 10.

De derecha a izquierda, los valores de cada posición son estos (el símbolo ^ representa la operación de exponenciación, es decir, se lee como "elevado a"):

10^0 = 1 (unidades)
10^1 = 10 (decenas)
10^2 = 100 (centenas)
10^3 = 1.000 (millares)
10^4 = 10.000 (decenas de millar)
10^5 = 100.000 (centenas de millar)
etc.

De esta forma, la cifra 2.047 representa la siguiente operación (el * representa la multiplicación):

2*10^3 + 0*10^2 + 4*10^1 + 7*10^0

O, lo que es lo mismo: 2*1000 + 0*100 + 4*10 + 7*1

O sea: 2000 + 0 + 40 + 7

En definitiva: 2.047

He mantenido indicada, a propósito, la operación con ese cero en las centenas para hacer resaltar la extrema importancia del cero en los sistemas de numeración posicionales.

Pero tampoco voy a extenderme mucho más porque me da la impresión de que me estoy pasado con el nivel de detalle. Ya sé que son cosas archisabidas, pero me parecía importante recordarlas para comprender lo que viene a continuación que es, ¡por fin!, a donde quería llegar desde el principio.

El sistema "hexadecimal", utiliza el 16 como base de numeración lo cual quiere decir que los valores de las posiciones vienen dados por potencias de 16 y no de 10 como ocurría antes con el sistema decimal. De derecha a izquierda, los valores de las posiciones son las siguientes:

16^0 = 1 (cualquier número elevado a cero da como resultado 1)
16^1 = 16 (cualquier número elevado a uno da como resultado el mismo número)
16^2 = 256
16^3 = 4.096
16^4 = 65.536
16^5 = 1.048.576
etc.

De este modo, la cifra hexadecimal &2047 representa la operación:

2*16^3 + 0*16^2 + 4*16^1 + 7*16^0

O, lo que es lo mismo: 2*4096 + 0*256 + 4*16 + 7*1

O sea: 8192 + 0 + 64 + 7

En definitiva: 8.263

He usado el símbolo & para indicar que se trata de una cifra en base hexadecimal y no el número decimal 2.047. Como hemos visto, dicha cifra equivale a ocho mil y pico en decimal.

Hay un problemilla que aún hay que resolver y es que, al utilizar la base 16 necesitamos 16 símbolos distintos para los 16 primeros números (del cero al quince).

Para los diez primeros (del cero al nueve) no hay problema pues podemos usar los viejos y conocidos números arábigos pero para los números del 11 al 15 se necesitan símbolos nuevos. En realidad, en vez de andar inventando símbolos, se acordó que se utilizarían las letras del alfabeto latino, de la A a la F de modo que A tiene valor 10, B es 11, C es 12, D es 13, E representa al 14 y F al 15.

A modo de ejemplo, el número hexadecimal &B2F será, por tanto:

11*16^2 + 2*16^1 + 15*16^0 = 2816 + 32 + 15 = 2863

El uso de este otro sistema "alternativo", que puede parecer un poco tonto, tiene su importancia en matemáticas y, sobre todo, en informática donde el manejo de números grandes se simplifica notablemente usando base 16. Sí, sí, los ordenadores utilizan el binario, que es base dos, pero resulta que 16 es una potencia de dos (2^4=16) por lo que pasar de una base a otra es muy sencillo y cada grupo de dos dígitos hexadecimales, representa a un grupo de 8 dígitos binarios, o, como se dice en el argot, un byte.

¡Qué lejos parece quedar de esto de los bytes y del mundo digital el pobre Unuk! Pues no se crean: dígito, que es sinónimo de número, viene de la palabra latina "digitus", que no significa otra cosa que "dedo".

martes, 19 de junio de 2007

Chiítas y sunnitas

Es de sobras conocido que los ángeles no tienen sexo así que a la hora de divertirse tienen que ingeniárselas como buenamente pueden. Corría el año 610 y hacía seis siglos, año arriba, año abajo, que Gabriel no echaba una canita al aire. Francamente, estaba ya hasta el centro de gravedad (que cae más o menos donde debería estar el sexo) de interpretar al arpa el "Fumando Espero" de Sara Montiel (number one en el hit-parade de aquel año) y de jugar a encontrar caras en las formas de las nubes mientras montaba guardia ante las puertas del Paraíso. Decidió que aquel sería un buen momento para ver cómo iba el lío que había organizado en su anterior excursión a la Tierra, cuando se le ocurrió decirle a una virgen que estaba embarazada del Espíritu Santo. Sólo para ver lo que pasaba, ya saben.

Ni corto ni perezoso, Gabriel empaquetó el arpa, se puso la saya de los domingos y tiro pa'bajo.

Otra cosa harto sabida de los ángeles es que tienen un sistema de orientación parecido al de la paloma de Alberti que por ir al Norte fue al Sur (creyó que el trigo era el agua, se equivocaba) así que acabó lejos de la región de Palestina, internándose en los desiertos de la península arábiga y sobrevolando el espacio aéreo de La Meca. Por suerte para él, los mecanos... los mecanitas... los meca... la gente de La Meca aún no disponía de misiles SAM tierra-aire.

Trataba de encontrar alguna referencia conocida en el terreno a sus pies cuando alcanzó a divisar, sentado ante la boca de una cueva, a un lugareño con una toalla en la cabeza y aire de estar dándole vueltas al coco. Gabriel pensó que estaría bien parar un momento a estirar las piernas y preguntar, de paso, por dónde narices se iba a Jerusalén. Tomó nota mental para sugerirle más tarde al jefe que sería centrodegravedadnudo que la siguiente ciudad sagrada que eligiera fuera una a la que condujeran todos los caminos.

La Revelación de Gabriel a MahomaEl hombre sentado ante la cueva, que se llamaba Mojamé (Mahoma para los amigos), alzó la vista y, a juzgar por la cara que puso, algo debió verle por debajo de la saya que le sorprendió enormemente pues se puso pálido como la cera y cayó postrado a sus pies cuando Gabriel tomó tierra y, con voz tonante y poderosa, dijo... "Hola".

Mahoma salió huyendo despavorido mientras Gabriel remontaba el vuelo meneando tristemente la cabeza y preguntándose en qué nuevo lío se estaba metiendo.

Pero dejemos al liante de Gabriel y centrémonos en Mahoma, quien, a raíz del encuentro con el ángel, se puso a escribir como un loco (de derecha izquierda y con garabatos) y le salió un libro bastante gordo al que llamó El Corán, con mayúsculas. Escribir un libro tampoco es cosa del otro jueves pero hacerlo siendo analfabeto, como era el caso de Mahoma, no puede significar otra cosa distinta a que el texto ha sido fruto de la inspiración divina. ¡Halaaaaa!, dijeron algunos. ¡Alá!, dijeron otros. Y hasta hoy.

A decir verdad, lo más probable es que Mahoma no escribiera nada sino que transmitiera oralmente las supuestas revelaciones de Gabriel y otros pusieran todo por escrito andando el tiempo pero es que el párrafo anterior me salió tan espontáneamente que no he tenido corazón para borrarlo.

De hecho, Mahoma se pasó el resto de su vida predicando y predicando. Y matando un poco a los idólatras, entre prédica y prédica. En definitiva, ganándose la inquina de la mayoría de las tribus árabes, politeístas devotos que veían en el monoteísmo de los musulmanes una total estupidez amén de una ruina económica ya que, para más inri (qué mal traído, lo siento) era la propia tribu de Mahoma la encargada de velar por La Kaaba, el lugar en el que se guardaban los ídolos de Arabia y destino de multitud de peregrinos llegados de todos los rincones de la península para adorarlos. Más adelante, una vez conquistada La Meca para el Islam, el propio Mahoma se daría cuenta de que aquello de montar un lugar de peregrinaje no sólo no estaba nada mal sino que, de hecho, era un chollo así que reelaboraría la historia de La Kaaba. A saber: La Kaaba había sido erigida por el mismísimo Adán para honrar a Alá pero aquella primera construcción, hecha de zafiros y rubíes, tuvo que ser elevada a los cielos para evitar que se mojara cuando aquello del diluvio así que Abraham había construido otra, de piedra esta vez, convocando a toda la humanidad a visitarla para honra de Alá. Lo que pasó después fue que los hombres olvidaron aquello con el paso del tiempo y se habían puesto a adorar falsos ídolos en el recinto sagrado. Hasta que llegó el profeta y mandó "aparar".

Pero basta de rodeos. Iba a hablar de sunnitas y chiítas.

Pues bien, a la fecha de su muerte, en el año 632, Mahoma era la cabeza de una fuerza, el Islam, que había logrado unificar toda Arabia en una entidad tanto política como religiosa pero no se le había ocurrido establecer una ley sucesoria. Lo único que tenía vagamente claro es que posiblemente las mujeres no podrían acceder al gobierno pues, quién sabe, en cualquier momento se les podría ocurrir ser infieles al marido y habría que lapidarlas y estaría muy feo tener que liarse a pedradas con un jefe espiritual. Los líos empezaron casi de inmediato aunque no precisamente por causa de las feministas.

Una asamblea de notables se reunió y eligió como califa (jalifa=sucesor) a Abu Bakr, padre de Aisha, tercera mujer de Mahoma, elección que fue inmediatamente impugnada por los chiítas (shi'i=partidario), esto es, por los partidarios de Alí, primo de Mahoma y casado con la hija de éste, Fátima.

Después de la muerte de Abu Bakr, y de nuevo con la oposición de los chiítas, aún serían nombrados califas, consecutivamente, Omar (padre de otra de las esposas de Mahoma) y Otmán (del clan de los Omeyas y casado sucesivamente con dos de las hijas de Mahoma) hasta que, finalmente, Alí accedió al califato tras morir Otmán en extrañas circunstancias. Tan extrañas que, de hecho, el gobernador de Siria, Muhawiya, también del clan de los Omeyas, se alzó en armas contra Alí acusándole de haber consentido el asesinato de su predecesor.

Corre el año 657 cuando los ejércitos de Alí y Muhawiya se enfrentan en la llanura de Siffin, en el Norte de Siria, cerca del río Éufrates. La batalla se prolongará durante tres días hasta que a los guerreros de Muhawiya les da por colocar páginas del Corán en las puntas de sus lanzas proponiendo que ambos contendientes se sometan al dictamen de un árbitro imparcial. Dicen los chiítas de hoy que los seguidores de Muhawiya propusieron esto no por evitar más derramamiento de sangre sino simplemente porque iban perdiendo.

Sea como fuere, la mayor parte de los seguidores de Alí, los chiíes o chiítas, conminaron a éste a aceptar la mediación pero una pequeña parte se situó al margen de uno y otro bando, aduciendo que la cuestión sólo podía ser resuelta con la ayuda de Alá (o sea, a degüello y el que gane es quien tenía razón). Estos fueron llamados jariyíes (los salientes) y, a lo largo de la historia, fueron un grupo importante aunque se dividieron después en multitud de sectas y hoy día son muy poco numeroso. Los seguidores de Muhawiya se darán posteriormente el nombre de sunnitas o sunníes (ortodoxos), de forma que es en este momento histórico cuando se configuran las tres grandes ramas del Islam, posteriormente sub-ramificadas en multitud de sectas y divisiones.

Por cierto, el arbitraje se resolvió a favor de Muhawiya, que será proclamado califa por sus tropas al año siguiente y trasladará la corte desde Medina a Damasco, lo que marcará el comienzo del Califato Omeya.

El pobre Alí, por su parte, será asesinado en 661 por los jariyíes.

Shalam Aleikum.

lunes, 18 de junio de 2007

Rosa negra

Rosa NegraLa semilla de la tristeza es chiquitita, como de mostaza o comino. Echa raíces en las grietas más angostas e insignificantes y horada la roca con la insistencia de quien tiene toda la eternidad ante sí para crecer y fortalecerse. La flor que de ella brota es oscura y su tallo está cubierto de aceradas espinas, como rosa negra. Muchos son los que se hieren gravemente al tratar de arrancarla.

domingo, 17 de junio de 2007

Me repatea la homeopatía

El título de este xuspiro no quiere ser un trabalenguas sino una declaración de principios. En realidad me repatean todas las autodenominadas "para-ciencias" por esa, de todo punto inconsecuente, actitud de querer pasar por ciencia al mismo tiempo que desprecian el método científico. Me parece tan demencialmente absurdo como aquel negro que quería ser cofrade del Ku-Klux-Klan. Casi puedo oír a Marx (Groucho) revolverse en su tumba mientras repite, habano en ristre, aquello de que jamás formaría parte de un club que admitiera como socios a tipos como él.

Homeopatía

Dicen los homeópatas que similia similibus curantur, impresionante latinajo atribuido nada menos que a Hipócrates con el que quieren sustentar la pretensión de que la cura de cualquier afección, dolencia o simple conjunto de síntomas, se encuentra en la misma sustancia que causa la enfermedad o que provoca esos mismos síntomas. En principio, tal afirmación resulta un tanto chocante pues viene a significar que para curar, pongamos por caso, un envenenamiento habría que ingerir más veneno pero no se trata de eso, exactamente, pues la auténtica potencia de los remedios homeopáticos radica, dicen, en la dilución extrema de los principios activos de los medicamentos: sustancias que utilizadas en grandes dosis provocan dolencias, curarán síntomas análogos a los que han provocado cuando se utilicen en dosis infinitesimales.

Empecemos, pues, por aprender cómo se preparan esos remedios homeopáticos. Voy a la página de la Asociación Médica Española de Homeopatía y Bioterapia y vuelvo con la siguiente cita, correción ortográfica mediante:

"...a partir de sustancias vegetales y algunas animales se obtienen las sustancias denominadas tintura madre. La tintura madre es una solución normalmente hidroalcohólica (alcohol al 70 con la sustancia soluble, que es el vegetal que estamos fabricando, por ejemplo la Belladona). Una vez tenemos esta sustancia en forma de tintura madre se coge una parte de la misma y se mezcla con nueve partes de una solución hidroalcohólica. Se dinamiza, es decir, se agita enérgicamente y se obtiene la primera dilución. Si se vuelve a coger una parte de esta primera dilución y se mezcla con nueve partes de solución hidroalcohólica, obtenemos la segunda dilución. Estas se llaman diluciones decimales al hacerlas con nueve partes. También se hace la misma dilución con 99 partes, de donde se obtienen las diluciones centesimales."

Dilución
Parece ser, por tanto, que lo que se tomaría en caso de envenenamiento sería un veneno muy diluido, tal como se nos ha explicado en el párrafo anterior. De hecho, la belladona a que se hace referencia y que tanto gusta a los amantes de lo esotérico, contiene alcaloides altamente tóxicos.

Pero no se preocupen, no hay peligro de envenenamiento pues los preparados homeopáticos utilizan diluciones centesimales del orden de los 1.000 CH y más. En la terminología homeopática, 1 CH sería la primera disolución, es decir, una parte de tintura madre por 99 partes de la solución hidroalcohólica, 2 CH sería una parte del preparado anterior con 99 partes de solución hidroalcohólica, 3 CH sería una parte de preparado 2 CH con 99 partes de solución hidroalcohólica, etc.

Haciendo una sencilla cuenta, resulta que en un preparado homeopático 1.000 CH normal y corriente (mil diluciones centesimales consecutivas) tendremos una parte de tintura madre por cada cien elevado a mil partes del preparado. Esto es... ¡un 1 seguido de 10.000 ceros! Disculpen que no escriba el número completo pero es que me ha dado un ataque de risa nerviosa: la magnitud de la cifra es tan absurdamente elevada que sobrepasa con creces el límite de dilución del propio Universo, en el que se estima hay "solamente" unos 10^77 átomos (un 1 seguido de 77 ceros). Si no es una gugólica infinitud, en palabras de un amigo de las que me he apropiado impunemente, se le parece bastante: para ingerir una sola molécula de principio activo en un preparado homeopático 1.000 CH, deberíamos tragarnos una cantidad de preparado mayor que el propio Universo. Mayor que millones y millones de universos, en realidad. Ya les dije que la cifra me daba risa.

Ahora queda claro por qué no hay peligro de envenenamiento. No lo hay, sencillamente, porque en un preparado homeopático corriente, no queda ni una sola molécula de sustancia activa alguna, sea cual sea la tintura madre de partida.

En definitiva, cuando usted compra en la farmacia un preparado homeopático, debe saber que lo que le están vendiendo en realidad es, sencillamente, agua con un poco de alcohol, ni más, ni menos (en ocasiones, dependiendo de la sustancia a diluir, también se utiliza lactosa como disolvente).

La evidencia es tan abrumadora que los propios homeópatas admiten que, efectivamente, no quedan moléculas de tintura madre en el preparado final. Pero eso no tiene importancia, dicen, porque aún falta la parte fundamental de la cosa homeopática: la dinamización.

Para que un preparado homeopático sea realmente "efectivo", entre dilución y dilución es necesario "dinamizar" el preparado, dinamización que consiste en (les juro que no me lo invento) "sacudirlo enérgicamente cien veces contra un libro con tapas de cuero", en palabras del gurú-fundador de la homeopatía, un médico alemán de finales del s.XVIII llamado Hahnemann. Al parecer, no hace falta pronunciar frase ritual alguna durante el proceso, ni siquiera unga-unga.

Dinamización
Pero tampoco se vayan a creer que los actuales homeópatas son tan irracionales que siguen las doctrinas de Hahnemann al pie de la letra. Ni mucho menos: hoy en día se utilizan aparatos dinamizadores automáticos y se prescinde de los libros (sí, la maldad en el doble sentido de la frase es intencionada).

Pues, por si no lo sabían, la "dinamización" que se produce al agitar el preparado (agitado, no batido), tiene el efecto de hacer que el agua "recuerde", por así decir, los principios activos que fueron diluidos en ella, aunque no quede ni una sola molécula de dichos principios activos, como hemos visto.

La idea es tan ridícula por sí sola que ni siquiera merece la pena rebatirla. Sólo voy a decir que esto refuerza mi rechazo a los preparados homeopáticos porque, imaginen, si el agua dinamizada de esa forma tiene verdaderamente la facultad de "recordar" las sustancias que fueron alguna vez disueltas en ella, imaginen la cantidad de porquerías que podrá recordar dicha agua. Empezando por la caca de la vaca que pastaba al lado del manantial del que brotó.

sábado, 16 de junio de 2007

El sendero de las lágrimas

Cuando la luna llena de agosto arde de fiebre y baja hasta el arroyo para refrescarse, abandona el coyote su cubil escondido en la montaña y sobrevuela el águila calva el territorio secular del bisonte. Vuelan hacia el sur las garzas, sus plumas del color de la ceniza, y yo me elevo en el aire aferrado a tu mano que me lleva hacia lo eterno.


Tras comprar a Francia el territorio de Luisiana en 1.803, los incipientes Estados Unidos de América se hicieron con una vasta extensión de más de 2 millones de km² al Oeste del río Mississippi (espero haberlo escrito bien porque me he quedado casi sin eses ni pes). Pronto se comenzó a animar a las tribus indias a que se trasladaran a esos nuevos territorios, intercambiando sus tierras ancestrales en el Este por las nuevas, que comenzaron a conocerse como Territorio Indio, como todo el mundo sabe por las películas de John Wayne. Posteriormente, en 1.830, el Congreso aprobaría la llamada Indian Removal Act, una ley que facilitaría enormemente estos intercambios de tierras.

La ley fue entusiásticamente apoyada por los estados del Sur, en particular por Georgia, el estado más grande por entonces, que estaba inmerso en una disputa territorial con la Nación Cherokee pero, como es de suponer, a los indios no se les preguntó su opinión sino que simplemente se presionó brutalmente a los líderes tribales para que se plegaran a firmar los tratados de intercambio de tierras.

En 1.835 se firmaría el Tratado de Nueva Echota que llevaría a los cherokees a emprender El Sendero de las Lágrimas, en el que morirían miles de indios.

Parece ser que dicho tratado nunca fue aceptado por los cherokees y, de hecho, en 1.838 se presentó ante el Congreso una petición avalada por más de 15.000 firmas de cherokees, solicitando que se invalidase. Pero el Gran Padre Blanco de Washington (Van Buren, por entonces) lo hizo cumplir de todas formas y en mayo de ese mismo año envió al séptimo de caballería (en realidad no sé qué regimiento enviaría pero en las pelis siempre es el séptimo el que aparece).

Unos 17.000 cherokees fueron sacados de sus casas a punta de pistola y confinados en campamentos, lo que hoy llamaríamos campos de refugiados, antes de ser enviados hacia el Oeste a lo largo de una ruta de miles de kilómetros hacia lo que hoy es el estado de Oklahoma. Fue en estos campamentos, asolados por la disentería y otras enfermedades, donde se produciría la mayor parte de las miles de muertes provocadas por el traslado.

En la actualidad, los cherokees son el grupo amerindio más numeroso en los Estados Unidos.

viernes, 15 de junio de 2007

Pi-pi

Es que esto de internet es la leche: uno puede encontrarse casi cualquier cosa. Esta mañana he estado alucinando un rato con los desvaríos de un tipo que pretendía demostrar que la "ciencia oficial" está equivocada y que la cuadratura del círculo no sólo es posible sino que implica que el valor de pi tradicionalmente aceptado (ya saben 3,141592...) es erróneo.

Lo de la cuadratura del círculo podría ser tema de una futura entrada pero de lo que quiero hablar hoy es del número pi. Vamos a ver si consigo hablar de matemáticas sin parecer que hablo de matemáticas para no aburrir a la gente de letras.

Empecemos por refrescarnos la memoria para ver qué es pi y por qué tiene ese valor de 3,14 y no otro cualquiera.

Todo empezó en la Grecia clásica, con aquellos tipos tan listos que iban todo el día envueltos en sábanas y con coronas de laurel en la cabeza. Estaba uno de ellos en el ágora, que viene a ser el equivalente griego a la plaza de un pueblo castellano cualquiera, sólo que sin Casa Consistorial ni cuartel de la Guardia Civil, y empezó a dibujar redondeles en la arena con un palo, supongo que para distraerse mientras a alguien se le ocurría inventar la PlayStation.

Así que hizo un círculo pequeño, otro un poco más grande, otro más grande... y así estuvo un buen rato hasta que otro griego que pasaba por allí vio aquello y dijo: ¡tate! (o ¡coño! o ¡eureka! o algo parecido, aunque puede que el del eureka fuera otro, no me hagan mucho caso). La exclamación se debió, en todo caso, a que acababa de caer en la cuenta de que cuanto mayor era el diámetro del redondel, tanto más grande era el perímetro de éste, es decir, lo que formalmente se llama "circunferencia". Dicho de otro modo, la longitud de la circunferencia es igual a su diámetro multiplicado por "algo".

Para los despistados: el diámetro de una circunferencia mide el doble que su radio y un radio todo el mundo sabe lo que es porque todo el mundo ha tenido bicicleta, ¿no? (si alguien le llamaba "rayo" también vale, es eso mismo).

Pero los griegos aquellos, así, de primeras, todavía no sabían a cuánto equivalía ese "algo" por lo que se pusieron a medir con cordeles (aún no se habían inventado ni las cintas métricas ni, mucho menos, los medidores láser) las longitudes y diámetros de un montón de circunferencias y resultó que ese "algo" que se obtenía al dividir ambos datos entre sí, era siempre tres y un poco. ¡Y siempre obtenían el mismo resultado cualquiera que fuese la circunferencia medida!

Pueden hacer un sencillo experimento. Tomen una moneda y un trozo de hilo y rodeen el canto de la moneda con el hilo, cortando la longitud exacta de hilo necesaria para ello. Este trozo de hilo, por tanto, representa (es) la longitud de la circunferencia de la moneda. Ahora extiendan ese trozo de hilo completamente recto sobre una superficie plana y situen monedas sobre él, canto contra canto, a lo largo del hilo. Si no han hecho trampa (las monedas tienen que ser del mismo valor que la utilizada en primer lugar, no vale usar primero una moneda de un euro y después una moneda de 5 somonis de Tayikistán) habrán observado que es posible colocar sobre el hilo extendido tres monedas y aún sobra un trocito de hilo en el que no cabe una cuarta, es decir, sobre la longitud de la circunferencia hemos podido colocar tres y pico veces el diámetro de la misma.

Pues con ese sencillo procedimiento, damas y caballeros, acaban ustedes de calcular el valor del número pi. O una aproximación de dicho valor, mejor dicho, ya que eso de "tres y un poco" no es muy exacto que digamos (aunque, de hecho, es más exacto que el valor que viene en libros tan antiguos como la Biblia, por ejemplo, donde se indica que el valor de pi es tres).

En realidad, cualquier valor calculado para pi es una aproximación más o menos exacta ya que se ha demostrado recientemente (tan recientemente como a finales del s.XIX) que pi es lo que se llama "un número trascendental", lo cual, hablando en plata, quiere decir más o menos que tiene un número infinito de decimales (en realidad lo que significa es que no puede ser expresado como solución de ningún polinomio con coeficientes racionales, pero no me negarán que dicho así suena a galimatías de los gordos).

Métodos para calcular pi hay muchos pero, si bien se mira, todos ellos viene a ser variantes más o menos sofisticadas del que hemos descrito con el hilo y las monedas. Claro está que, hoy en día, con la potencia de cálculo que nos brindan los ordenadores, mucho mayor que la que pueda tener cualquier señor, por griego que sea, midiendo trocitos de hilo con una cinta métrica, se ha llegado a calcular el valor de pi mucho más precisamente, llegándose hasta los mil millones de dígitos decimales. Aunque sobra decir que dicha cantidad de decimales es insignificante comparada con el concepto de infinito, representa una precisión que es más (mucho más) que suficiente para cualquier cálculo, por preciso que éste haya de ser. De hecho, para andar por casa es suficiente el 3,1416 de toda la vida.

Pues a lo que íbamos desde el principio. El valor de pi no es algo que "la ciencia oficial" diga que tiene que ser así o asá, como hemos visto a lo largo de este rollo que he soltado. El valor de pi forma parte de la estructura del Universo, de cualquier universo que pudiera existir, me atrevo a decir, porque forma parte de la naturaleza misma de los círculos y circunferencias, si se me permite el exceso de hablar de la "naturaleza" de una figura geométrica. Quiero decir con ello que es tan absurdo que pi pudiera tener otro valor, como absurdo e inimaginable es suponer que no existieran los círculos pues una cosa implica la otra, ni más ni menos, por más que estos gurús de lo para-anormal se empeñen en elaborar estúpidas "demostraciones" para contradecirlo.

miércoles, 13 de junio de 2007

El vendedor de globos

El carro traquetea sobre los adoquines envuelto en jirones de niebla, las botellas de leche tintineando con cada giro de las ruedas, los cascos del caballo levantando húmedos ecos del empedrado. Al pasar frente al mercado, la nariz es golpeada por el ácido olor de las verduras en descomposición y el más rotundo del pescado que hace tiempo no ve el mar. Se escuchan sonidos de cajas arrastradas y sacos que caen sordamente, de cuchillos afilándose, piedra contra metal, de voces madrugadoras que ya pregonan su mercancía desde primera hora. Hay un corrillo de sujetos malencarados esperando a sus potenciales víctimas apoyados en la pared mientras se limpian las uñas con sus navajas. El gris lo invade todo, como un dolor, por insignificante que sea, invade cuerpo y mente de quien lo padece.

Pero en el extremo más alejado de la calle, única nota de color sobre el gris dominante, el vendedor de globos pinta el barrio con su sonrisa sempiterna mientras atiende a sus pequeños clientes.

Y la dulce Fan Yi, entibiando los recuerdos de la fría y húmeda mañana de mi juventud.

lunes, 11 de junio de 2007

Escher

En el ideal de la autocreación es donde reposa el sueño perdido de nuestro propio futuro; en la forja de la propia identidad con el mucho o poco metal a nuestra disposición. ¡Qué objetivo tan aparentemente trivial y, sin embargo, cuántas veces inalcanzable!: no sólo hace falta hierro sino también yunque y martillo. Poca ayuda nos prestan las locas ensoñaciones acerca de metas inasequibles y promesas de imposible cumplimiento.

Pero a veces nace, como el reptil en un hoyo profundo excavado en la tierra, la tentación de simplemente bajar los brazos y dejar de nadar contracorriente.

Maurits Cornelis Escher (1898-1972), holandés y mago de lo imposible, es el autor de las imágenes que ilustran este xuspiro. Se dice de él que nunca tuvo la pretensión artística de transmitir grandes mensajes sino que pintaba, simplemente, lo que le pasaba por la imaginación y le gustaba lo suficiente como para dejar en un cuadro. Me parece un gran motivo.

viernes, 8 de junio de 2007

La manzana de la discordia

Era el convite nupcial de la diosa Tetis con el mortal Peleo, unión de la que nacería, andando el tiempo, Brad Pitt (por otro nombre: Aquiles). Al sarao había acudido la flor y nata de la jet-set olímpica pero, error logístico a la hora de hacer entrega de las invitaciones o, más probablemente, prevención porque no fuera a hacer honor a su nombre, la diosa de la discordia, Éride, no fue invitada a la fiesta.

Así despechada, urdió Éride (o Eris, dicen otros) su venganza. Se presentó en el lugar, es de presumir que luciendo sus mejores galas, y arrojó displicentemente sobre la mesa una hermosísima manzana de oro sobre la que podía leerse la incripción "Para la más bella". Sólo a una diva podía ocurrírsele tan taimado plan y poner en marcha el primer concurso de belleza de la historia sin establecer claramente las bases ni llamar a Luis María Ansón para que hiciera de jurado y, como es natural, ardió Troya cuando Hera, Atenea y Afrodita comenzaron a tirarse de los pelos auto-proclamándose merecedoras de la dichosa manzana.

En realidad... Troya no ardió de inmediato, aunque lo haría en breve. Literalmente.

Después de un rato de estar diciéndose lindezas en hexámetros clásicos, las diosas acudieron a Zeus para que arbitrara la cuestión pero éste, zorro viejo, no quiso meterse en camisa de once varas y se lavó las manos, diciéndoles que se fueran a tomar vientos al Monte Ida.

Y allá que se fueron conducidas por Hermes, mensajero de los dioses (no sabemos si a sueldo de UPS o de Seur).

Por las faldas del Monte Ida, próximo a Troya, andaba el hijo del rey Príamo, Paris, pastoreando sus rebaños (inserte aquí el chiste de su preferencia sobre la excarcelación de Paris, seguro que ha oído uno en cualquier telediario que haya visto hoy). Se ve que los reyes de la antigüedad clásica tenían menos sangre azul que los de ahora, e incluso menos que las herederas de cadenas hoteleras, y no se les caían los anillos por trabajar. El pobre chaval no sabía en la que se estaba metiendo cuando las diosas le pidieron que eligiese a la más bella de las tres y él, inocentemente, eligió a una de ellas, Afrodita, ganándose inmediatamente la inquina de las otras dos. ¿Ven lo que pasa por no haber elegido a Ansón como jurado? Él les habría tirado los tejos a las tres y listo.

Así que se armó la de Troya... literalmente, como digo. Pero eso ya lo sabrán ustedes porque seguramente ya han visto la película protagonizada por Aquiles (por otro nombre: Brad Pitt).

Mas la historia de Éride no acaba aquí porque la diosa de la discordia aparecería de nuevo a principios del siglo XXI en forma de pedazo de roca que los astrónomos llamaron "2003-UB313", según las convenciones internacionales de nomenclatura para asteroides. En principio, la roca fue bautizada como Xena y un satélite suyo como Gabrielle, claro, ya que, por si no lo saben, los astrónomos también tienen su corazoncito y no son inmunes a los encantos de Lucy Lawless (si no se ha enterado usted a cuento de qué viene la frase anterior, enhorabuena: se trata de una serie de televisión llamada "Xena, la princesa guerrera").

Los descubrimientos de Xena y de muchos otros objetos dentro del Sistema Solar, desataron el debate sobre la conveniencia de elaborar una nueva definición del término "planeta" que se adecuase a la nueva situación, hasta que la Unión Astronómica Internacional acordó, en agosto de 2.006 que un planeta sería todo objeto celeste que:

a) Gira alrededor del Sol.
b) Tiene suficiente masa para que su gravedad supere las fuerzas del cuerpo rígido, de manera que asuma una forma en equilibrio hidrostático (prácticamente esférica).
c) Ha limpiado la vecindad de su órbita.

La discordia entre los astrónomos (que tampoco fue excesiva, a decir verdad) surgió debido a la inclusión del punto c) en la definición. Sin ese punto, se debería considerar como planeta a Ceres, el cuerpo más grande del cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter y también a muchos otros objetos más allá de la órbita de Plutón. Con la inclusión de este apartado, es el propio Plutón el que queda fuera de la definición debido a que tiene un compañero, Caronte, con una masa del mismo orden de magnitud y que no es, por tanto, propiamente un satélite que gira a su alrededor sino que forman un sistema doble, girando ambos en torno a un punto intermedio.

Así que la nueva definición de planeta fue finalmente admitida y, consiguientemente, Plutón fue degradado a la condición de "planeta enano". Si son de los que aprendieron en el colegio que hay nueve planetas en el Sistema Solar, vayan actualizándose: sólo hay ocho.

Si han llegado hasta aquí será porque, supongo, no tienen nada mejor que hacer así que espérense unas líneas más, que viene el final y remate de nuestra historia sobre Éride.

Y es que, en un alarde de sentido del humor, el objeto 2003-UB313, Xena, fue rebautizado como Eris (o Éride), ya saben, diosa de la discordia, y a su satélite se le llamó Disnomia, como la diosa de la anarquía. ¿Recuerdan a Lucy Lawless? Pues eso.